22.5.12

Revisando el nivel de exigencia.


Frecuentemente los adultos pierden buena parte de la capacidad de ponerse en lugar de otros y de aceptar distintas opciones como válidas; esto se llama empatía y pese a estar presente en el desarrollo de planes de estudio y de programas de desarrollo emocional como parte imprescindible para un correcto crecimiento personal en los niños muchas veces desaparece en la adultez, o si aparece es de forma muy tangencial. La mayoría de los adultos se perciben a sí mismos como personas más o menos empáticas y sensibles con las necesidades de los otros, pero aparecen muchas dificultades cuando se alejan del modelo adulto-céntrico predominante. Casi todas las personas son capaces de entender a otro cuando está enfermo, cuando ha perdido un trabajo o cuando se enfrenta a adversidades, y sin embargo presentan resistencias enormes cuando las necesidades surgen en el mundo infantil, mucho más emocional y sensible que el adulto. De esta situación aparecen multitud de confrontaciones entre grandes y pequeños, y se enquistan las posibilidades para solucionarlas. Muchas veces el adulto confunde el “ajuste al mundo infantil” con “ser muy directivo”, “marcar límites claros” o, simplemente “obedecer”. Es decir, que se le permiten muchas cosas a un niño o una niña mientras su comportamiento no choque de lleno con el punto de vista adulto. Obviamente esto es necesario en ocasiones en las que la seguridad de un niño está en peligro, pero demasiado frecuentemente es simplemente el hecho de hacer cosas distintas “a lo que un niño tiene que hacer”. Esto se manifiesta en comportamientos, actitudes o peticiones hacia el comportamiento que se realizan de forma injusta y/o arbitraria. Y es que muchos adultos exigen a los niños mucho más de lo que se exigen a ellos mismos o de lo que tolerarían a otros. ¿Ponemos algún ejemplo?

  • Roberto está de paseo con su mamá y ésta se encuentra a una amiga a la que hace tiempo que no ve. Empiezan a hablar y Roberto se queja: se aburre y quiere irse. La respuesta de la madre es: “un momento, ahora voy”. “Ahora mismo nos vamos”. Tras un rato de aburrimiento, Roberto encuentra diversión con unas piedrecillas. De repente, su madre se da cuenta de lo tarde que se le ha hecho, se despide y exige: “Roberto, vámonos que es tarde”. –“Ahora voy, mamá”. –“¿Ahora? ¡NO! ¡Ya! Y deprisa, que llegamos tarde”. ¿Está la adulta dando un ejemplo de comportamiento? ¿Será capaz de darse cuenta que no está empatizando con el pequeño?


  • A Margarita le compran una bolsa de chuches y le dicen que sólo puede comer una al día. En un descuido de sus padres, agarra la bolsa y se da un atracón. Cuando su padre lo descubre y la regaña por haber desobedecido. Está muy decepcionado por no poder confiar en la palabra de la niña, que tiene que aprender a controlarse. Como castigo, esa noche no le lee un cuento en la cama, porque está muy enfadado. Se enciende su cigarrillo electrónico y se pega su parche para dejar de fumar y se afirma en su creencia que la niña “tiene que aprender”.


  • Luis no ha terminado un trabajo del cole. Su madre no puede ayudarle pues tiene que hacer la declaración de la renta, pues acaba el plazo al día siguiente y no “ha tenido tiempo” de hacerla. Luis recibe una bronca por no organizarse como debe.


En la vida cotidiana tenemos miles de ejemplos similares. Si los adultos fueran capaces de exigirse a sí mismos lo mismo que exigen a los niños, en el mundo no habría miles de métodos de adelgazamiento fallidos, no se organizarían seminarios de profesionales para organización del tiempo, ni la teletienda inundaría las pantallas con miles de artículos tan inservibles como codiciados. Si los niños encontrasen coherencia entre las actitudes de los adultos y las peticiones hacia ellos, las relaciones serían más fluidas y sanas.

Y tú ¿le exiges a tu hijo lo que eres capaz de pedirte a ti mismo?

26.3.12

Una bienvenida...

Siempre se comenta que criar hoy en día es una tarea muy dificil, y es cierto: la soledad, el trabajo fuera de casa y lejos de casa, las familias nucleares o la existencia de unas teorías agresivas contra la infancia condicionan en buena medida el desempeño de la labor. Sin embargo para aquellas personas a las que les gusta leer y estar informadas, las que buscan una segunda opinión y quieren escuchar experiencias, internet ha resultado ser una herramienta fundamental y que hace tan solo unos años no podíamos ni imaginar; muestra de ello, por ejemplo, es el reportaje que hace unos días emitió Televisión Española (lo podéis ver pinchando en el enlace a partir del minuto 32) sobre varias mamás blogueras: Míriam, Mª Ángels Claramunt y Louma. Por mucho que desespere a algunos paternalistas ginecólogos y pediatras, internet es una fuente de información y facilita el contraste y la toma de decisiones. Dentro de este marco, me produce una gran alegría dar la bienvenida hoy a otro imprescindible proyecto de una colega de profesión y compañera de andanzas emprendedoras: se presenta la web Duelo gestacional y perinatal, dónde Mónica Álvarez, coautora de "Las voces olvidadas", presenta una comunidad que arropará y ayudará a las familias que se encuentren en esta situación, a la par que proporcionará información valiosísima a todos aquellos profesionales que necesiten cubrir este aspecto en su formación. Desde ¡A las madrigueras! deseamos a Mónica y a todo su equipo mucha suerte con su emprendimiento y seguir aprendiendo juntas. Bienvenidas.

Y... ¿cómo se llega a críar con apego?

Visto lo visto, una de las cosas que hay que reconocerles a las familias que crían desde el respeto es, además de lo obvio, el hecho de que persistan en ello. Y es que el panorama es desolador... los consejos vuelan en todas direcciones y muchas veces disfrazan el mensaje “lo estás haciendo fatal”. Entonces ¿qué es lo que hace que muchas mujeres se mantengan y no sucumban ante la presión de grupo? Y sobre todo ¿de qué depende que no se desmoronen y sigan confiando en sí mismas?

Ya hemos hablado otras veces de la importancia de “la tribu” ya sea ésta presencial o virtual. Y precisamente es a través de las asociaciones familiares, de los grupos de apoyo y de las reuniones de crianza dónde se pueden observar muchos tipos de mujeres-mamás muy distintas pero que comparten caminos similares... y mujeres similares que afrontan las dificultades de la crianza de formas muy diferentes. Esto ¿de qué puede depender? Lo que se propone a continuación es que quizá no lo hace tanto de características de personalidad como de la forma en la que se conoce o se llega hasta la crianza respetuosa.

Se van a exponer cinco tipos de acceso a la crianza, con sus características, los problemas que suelen encontrarse y la forma de solventarlos. Obviamente, no es un estudio exhaustivo ni una suerte de diagnóstico, sino apreciaciones personales después de años de experiencia con grupos de apoyo. Probablemente todas las mujeres tengan algo de cada una. Posiblemente nadie se vea reflejada con toda certeza, y quizás nadie reconozca ninguna característica común con ella misma. Pero es esperable que casi todas tengan una interesante mezcla en su forma de llegar a la crianza con apego y, por tanto, de maternar. 

Pertenecer a uno u otro grupo no es ni bueno ni malo. Se llega y esa es la victoria. Pero saber cuáles pueden ser los puntos flacos quizá sí sea beneficioso para la autodefensa ante opiniones no pedidas o pequeños contratiempos cotidianos. Con esa intención y no otra, está escrito este artículo. No se trata ni de etiquetar ni de señalar.

  • Una de las formas de conocer la crianza con apego es hacerlo de forma intelectual: se llega a través de una dedicación al aprendizaje exhaustiva. En muchas ocasiones son personas con formación (generalmente de tipo no formal o informal, pues en la educación formal no es la "mejor vista" de las opciones)  sanitaria, educativa o humanística previa, pero cuando no es así y proceden de otros campos, el nivel de competencia que alcanzan es altísimo. Es habitual que estén interesadas en varias áreas de la crianza, que lo disfruten e incluso que en ocasiones cambien su perfil profesional para acercarse más al mundo infantil. Suelen ser personas positivas y optimistas, con recursos y con capacidad de buscar alternativas, ante las críticas siempre tienen una respuesta. Por el contrario, para ellas puede ser muy duro aceptar en ocasiones que algo “no funciona”, pues lo viven como un fracaso personal y cargan con mucha culpa. Puede ayudarles el comprender que una crianza es una carrera de fondo, que lo importante no es hacer cosas “que funcionen” para obtener buenos resultados, sino establecer bases firmes; y además, trabajar la diferencia entre “culpa” y “responsabilidad”, asumiendo que no se pueden controlar siempre todas las variables.
  • En otras ocasiones se llega escapando de la propia experiencia personal. Al tener un hijo se reabren las heridas recibidas en la infancia (y no estamos hablando únicamente de malos tratos físicos): la educación recibida, los valores, la actitudes cobran una nueva dimensión, se ven de otra manera y nuevas necesidades salen a la luz: se intenta sanar al niño interior a base de cuidar al nuevo bebé, pero esto puede desestabilizar el equilibrio personal cuando hay algún tipo de problema; aparecen preguntas como “¿por qué haces esto si siempre te he tratado bien?” o “¿en qué he fallado?”. Estas personas hacen mucho énfasis en sus propias actitudes y no suelen tener en cuenta los procesos madurativos de los hijos. Además, ante estas dificultades se reabren las heridas y existe un sufrimiento adicional. Actividades de sanación emocional son insdispensables.
  •  Hay una variante en la experiencia personal, y es esa que se manifiesta cuando se recuerda la infancia como feliz y amorosa y lo que se busca es la repetición de esas condiciones para los hijos. Una buena relación con el niño interior provoca una reflexión sobre la práctica bastante más condescendiente que la anterior, se entiende que hay fases en la maduración, que hay situaciones que se viven de forma transitoria y que “todo pasará”.
  • La organización social actual no facilita la inclusión de los hijos en la vida cotidiana, y no es fácil “hacer piña” con otras madres. Así que en ocasiones, una madre encuentra que su grupo de referencia más cercano, por cercanía, vecindad o familiaridad, cría con apego, con lo cual llega allí a través del “acogimiento”, por casualidad o por simpatía. Esto ocurre principalmente al tener niños recién nacidos o de pocos meses, cuando hay más dudas. En general, es gente práctica, que aprovechan lo bueno que ven y descartan aquello que no les interesa, que no cuadra con su estilo de vida o que les remueve más de lo necesario. En ocasiones permanecen algo al margen del grupo; en otras se sienten cuestionadas y la forma de escapar es presentar problemas recurrentes: por ejemplo, lactancias fracasadas por causas difusas en repetidas ocasiones. No hay una reflexión profunda sobre las dificultades auténticas, aparecen las incongruencias y se cede a la presión externa con facilidad. No suele mantenerse una auténtica crianza respetuosa a lo largo del tiempo, aunque sí se pueden conservar algunas características importantes, de forma inconexa. 
  • A veces ocurre que media una cuestión “estética”, o de moda en la asunción de patrones de crianza. Suele darse estando ya embarazada y buscando información, y habitualmente les sucede a mujeres activas y curiosas... comparando distintas opciones aparece una simpatía o gusto estético por alguna características muy concreta de la crianza, y ello la acaba arrastrando hasta otras con las que comparten espacio. Por poner un ejemplo: es raro que una mujer que decida disfrutar de su bebé llevándole en un portabebé opte como primera opción por una lactancia artificial. Además, estas mujeres suelen parecer muy seguras de sí mismas y con mucha fortaleza personal. El problema de esta “inmersión” es que en ocasiones se va haciendo muy extrema en los comienzos, pero luego flaquea con cierta facilidad cuando los niños comienzan a tomar sus propias decisiones y a separarse en la díada mamá-bebé. Esto puede desestabilizar a las familias, que comparten momentos de muchísimo apego con otros de cierta lejanía y sobre todo, cansancio y frustración ante la tarea. Pueden aparecer resentimientos hacia el pequeño o tristeza por las costumbres “perdidas”. Recordar que el tiempo pasa volando y que se debe buscar tiempo para el autocuidado ayuda a recobrar el equilibrio, así como aceptar los errores y los puntos más débiles. 
  • Por último, en ocasiones, la crianza con apego simplemente “surge”. No importa cuáles sean las ideas de partida, dónde esté montada la cuna o las opiniones de la suegra. Si el bebé llora y se calma al meterlo en la cama, allí se queda... y ya habrá tiempo al día siguiente para buscar en internet si eso está bien, mal, lo hace más gente o cómo se llama. Simplemente, las necesidades más básicas llaman a los instintos más primales y si la mujer está conectada con ella misma, simplemente surgen. La frase que mejor resume a estas mujeres es algo así como: “ pues es que yo pensaba XXXXXXXXXXX PERO DE REPENTE TODO CAMBIÓ”. Por supuesto, para poder lograr esta conexión la madre debe tener estabilidad emocional... incluso en entornos “hostiles”, el instinto acaba brillando.
¡A las madrigueras! (reproducción prohibida)

Ya se ha comentado antes que ninguna forma de llegar es a priori mejor que otra, y que todas aparecen de alguna forma en la mayoría de las mujeres, pero esta última manera de llegar parece especialmente reconfortante... ¿no sería bonito pensar que TODAS las madres son capaces de cubrir las necesidades de sus hijos simplemente escuchando su cuerpo? Porque no se debe olvidar una cosa: respetar a los hijos es respetar al niño que todavía llevamos dentro.

Beatriz Coronas, psicóloga.
Artículo original en Educarpetas.

P. S. Quiero agradecer a todas las mujeres con las que comparto problemas, risas, lactancias, favores, abrazos, conversaciones, confesiones...aprendo muchísimo diariamente gracias a ellas. Esta vez, ha sido especialmente Y. la que me ha hecho ser consciente de lo valioso de ser tan distintas y a la vez, tan cercanas. Mil gracias.

25.3.12

Sobre el porteo

¿Por qué lo hago?
"Portar cambió mi vida." Podría sonar a anuncio, pero la realidad supera la ficción. Aunque tenía claro que llevaría a mi hija en el colo, mis razones eran, sobre todo, prácticas: soy poco amiga de los cachivaches y los carritos se me hacían "trastos" complicados. Sin embargo, mi hija (mi maestra) demostró con pocas horas de vida que ella tenía las cosas muy claras: a toda costa quería estar con mamá y papá. Y no iba a consentir ninguna otra opción, cosa que demostraba a grito pelado cuando intentábamos que tomara la posición horizonal (lo que se supone que hacen los bebés). Rápidamente comprendimos que el fular iba a ser nuestro mejor amigo los meses siguientes: en él nuestra hija estaba tranquila, con el pecho disponible, integrada en nuestra vida tanto en casa como en la calle (y nacer en Febrero en Santander no facilita el hecho de salir a la calle). Dos años después, sigo portando a mi hija. Hemos probado fulares, bandoleras, mochilas asiáticas y ergonómicas y todo tipo de trapos variados. Mi espalda lo soporta bien, pues se ha fortalecido a medida que ella ganaba peso. Nos gusta ir a exposiciones juntas, y comentar lo que vemos, su lengua de trapo cerca de mi cara. Nos gusta andar por estos montes y pastos que nos han acogido. Nos gusta la sensación de dormir (ella) y sentirla dormir (yo) cerca, notar su respiración y la certeza de que soy capaz de calmar cualquier malestar. Y no, no está malcriada, ni dependiente ni colgada de mí. Se comporta como cualquier niña o niño de su edad que tiene sus necesidades primarias satisfechas. Y por esa certeza de que no hay nada mejor para ellos, yo vuelco mis esfuerzos en difundir el porteo, desterrar mitos y miedos y facilitar la adquisición de portabebés.

Los bebés TIENEN QUE SER PORTADOS. No es una opción, es una necesidad biológica. Sus reflejos (de prensión, posturales...) tienden a agarrarse a la figura de apego. Nuestras caderas crecen y se redondean, ajustándose a la apertura de sus piernas en forma de ranita, de tal forma que su pelvis se apoya, encontrándose en la posición óptima para desarrollarse y dar forma posteriormente a las curvaturas de la espalda. Están preparados para sentir cerca a mamá, a papá, notar el calor, el movimiento y saber que sus necesidades serán satisfechas con prontitud. No se acostumbran, ya vienen acostumbrados. Ningún niño va a querer quedarse por siempre en brazos; mucho antes de lo que pensamos querrán ir al suelo, gatear, andar, correr... ¿y que mejor que afrontar ese reto en óptimas condiciones de autoestima y seguridad?

Lo he intentado, pero no es para mí... 
Los pequeños quieren estar cerca de mamá. Puede ser que un bebé se encuentre inquieto al ponerle en un portabebé por muchas causas, que nada tienen que ver con que "no les gusta": algunos están incomodos si la postura no es correcta, otros se ponen nerviosos si tardamos mucho tiempo en colocarlos bien, o puede ser que noten el pecho de mamá cerca y les apetezca comer. Para todos estos casos hay una solución a la que la diada mamá-hijo (portador-bebé) debe llegar, pero podemos ayudarte en el camino. Quizá el portabebé elegido no es adecuado, necesitas adquirir más confianza con ellos o aprender posturas para dar el pecho sin quitarte el portabebés.
También puede ser que tú estés incómoda, quizá no sea el portabebés que necesitas, pero hay muchos otros con los que seguro puedes disfrutar de la crianza en brazos.
Si crees que te pasa algo así, o quieres aprender más, puedes ponerte en contacto con nosotros para probar, practicar o buscar alternativas... ¡pero no te rindas! Tu bebé te necesita cerca.
Qué te ofrezco:
Mientras vivía esta experiencia, seguí formándome en el campo del porteo por distintos medios. En la actualidad soy Instructora Básica de Porteo por la escuela "Llévame cerca", creada por Susanne Lenk, fisioterapeuta. Desde "A Las Madrigueras" te ofrecemos la oportunidad de acercarte al mundo de los portabebés de distintas formas:
  • Puedes ver, tocar y probar nuestros portabebés. 
  • Puedes llevarte uno, de tu elección entre los disponibles, por un precio simbólico y probarlo unos días. 
  • Te asesoro en el uso, los beneficios, las tallas, los modelos, las posturas, y buscaremos soluciones para posibles dificultades, incluso en el caso de que hayas comprado el portabebés en otro lugar.
  • Te ayudo en casos especiales: lactancia, gemelos, dificultades motoras...
  • Organizamos talleres de uso de portabebés para matronas, centros de preparación al parto, asociaciones de lactancia, etc. 
  • Y por supuesto, traemos el portabebé que prefieras, sin gastos de envío y con todas las garantías de los fabricantes con los que trabajamos (primeras marcas y aumentando día tras día).
 Quiero saber más.
Para conocer más sobre tallas, cuidados, tipos, modelos etc... puedes visitar la página de referencia en castellano sobre porteo, la Red Canguro, o ponte en contacto con ¡A las madrigueras!

Anímate a entrar en la madriguera y probar los beneficios de llevar a tus hijos en brazos. Puedes contactar con nosotros pinchando aqui, mandando un correo a alasmadrigueras@gmail.com o en el 616935109.

24.3.12

"Estamos leyendo" -un carnaval de blogs-

El siguiente artículo forma parte de la iniciativa Estamos Leyendo, un Carnaval de Blogs iniciado por Amor Maternal para fomentar la lectura con los hijos y recopilar libros con historias positivas.

Louma ha conseguido darle una forma cooperativa, global y deliciosa a una idea que rondaba en mí cabeza ¡enhorabuena! Me subo al carro y contribuyo con uno (de momento) de los libros más deliciosos que han pasado por la estantería de mis hijos: "Algún día", de Alison McGhee. Es un libro para los niños, pero también para las familias. En él se hila el paso por este mundo desde una perspectiva realista, dulce y sincera al tiempo: desde que la protagonista es un bebé hasta que llega a la madurez, la presencia y el apoyo de su madre siempre está presente. Un libro que humedece los ojos y conecta a las familias. Unas ilustraciones sutiles, una presentación cuidada y una gran delicadeza en las formas completan esta pequeña obra maestra. 
Lo puedes comprar aquí


En las madrigueras esperamos que los disfrutéis y agradecemos otra vez a Louma de Amor maternal que nos deje subir en su carrusel. 

¡A leer!! 





15.3.12

Seguimos creciendo.

En ¡A las madrigueras! no paramos. Tenemos muchos proyectos calentitos que van a ir saliendo poco a poco. Uno de ellos, el primero y el que quizá vaya hilvanando los siguientes, es nuestra colaboración con Educarpetas, una gran comunidad de madres multitarea dirigido por Azucena Caballero. Las habituales de por aquí habréis encontrado artículos originales del espacio de Crianza del blog con periodicidad mensual; os animo a seguirlo y a echarle un vistazo al resto de secciones porque está cargadito de información, ideas y recursos para el día a día. Esperamos que os guste.

13.3.12

¿Se acaba el apego en la crianza a los tres años?


Como psicóloga y colaboradora en asociaciones de familia y en grupos de apoyo a la maternidad, observo frecuentemente que a medida que la edad de los hijos crece, disminuye la predisposición en las mamás (o personas más cercanas al niño) a mantener una crianza desde el enfoque del respeto. Por supuesto, el amor a los hijos permanece intacto, pero suelen aparecer dudas serias acerca de “si lo estamos haciendo bien” o si quizás haber elegido otras formas de crianza hubiera favorecido descansar más, tener más tiempo para la vida personal o tener niños “más educados”. De pronto, parece que las familias no son tan sensibles a la necesidad de encontrar espacios y tiempos respetuosos con los niños, que es lícito (o menos grave) usar estrategias de amenaza o chantaje en ocasiones puntuales o que ya no es tan necesario ser tan estrictas respecto a su alimentación (por poner algunos ejemplos).

¿Por qué sucede esto? ¿qué pasa cuando los niños crecen y se tiene la sensación de que lo que hacíamos hasta ahora “ya no funciona”? Y sobre todo ¿qué hay de nuevo en el desarrollo evolutivo de un niño que complica tanto esta etapa?

Hay tantos motivos como niños, madres y familias; pero yo encuentro tres grandes grupos que engloban la mayoría de estas circunstancias: factores personales de la madre/padre, razones ambientales de la familia y el entorno y la consecución de nuevos hitos evolutivos del niño.

a) Los factores personales que afectan a la madre (o a la persona que cuida preferentemente al niño) tienen mucho que ver con la situación emocional en la que se encuentra. Con un bebé es frecuente tener la sensibilidad a flor de piel: bien exultante de alegría y con necesidad de compartir, bien con agotamiento o tristeza. Ambos extremos facilitan que la madre acuda a grupos de apoyo a la lactancia, asociaciones familiares, grupos de ayuda maternales, que consulte foros, que lea mucha documentación... la madre suele disfrutar de dieciséis semanas de permiso de maternidad (escasas) con lo que cuenta con algo de tiempo libre adicional para trabajar sus emociones, sus miedos y sus anhelos. Suele estar receptiva, buscar ayuda, aceptarla, valorar distintas opciones y elegir la que más se adecue a sus necesidades. La madre es muy visible en esos momentos en las esferas maternales.

A medida que pasa el tiempo, las emociones se relajan, todo se tranquiliza. Aparece la necesidad de dedicarse más tiempo a una misma, a recuperar actividades aparcadas. Quizá venga un siguiente hijo, y ya no se dispone de tanto tiempo para compartir sentimientos. O incluso, acaba la pausa laboral que algunas madres deciden hacer: se acaban las excedencias y con ello aparece la necesidad de reincorporarse a jornadas laborales muchas veces extenuantes. Por todas estas cosas y muchas más, la mujer deja de asistir a los grupos o está centrada en otras actividades (como por ejemplo la escolarización). Ya no es tan fácil compartir las ideas, el qué, el cómo hacer. No existen tantas oportunidades para observar a otras madres en circunstancias similares: salvo en los parques o en los centros comerciales, apenas hay momentos para contemplar a una madre y a un hijo que ya no es bebé en transacciones respetuosas. En estos casos, la crianza con apego apenas se ve en público a partir de cierta edad.

b) Existen otra serie de factores, de corte si se quiere más “ambiental” que comienzan a pesar mucho al crecer los niños. Está, por ejemplo, la incorporación a las aulas. Muchas madres deciden quedarse en casa con los pequeños hasta que éstos cumplen tres años, pero al llegar esta edad sienten una fuerte presión social por escolarizarlos o desconfianza en su propia capacidad para instruirles en casa. O como comentábamos más arriba, muchas no pueden/quieren estirar la excedencia y la alternativa es la escuela. En lo que respecta a la escuela, la realidad es que en España no hay, en estos momentos, una buena red de escuelas respetuosas. Sí existen cada vez más proyectos interesantes, pero todavía, por distancia o por precio, no llegan a la mayoría de la población. Si a eso le juntamos las jornadas laborales de los padres y la dispersión de las familias, nos encontramos con que la única posibilidad para muchos padres es el colegio que “toque”, por cercanía o por puntos, sin posibilidad de elegir ni de valorar los proyectos educativos o curriculares. Muchos niños que se incorporan al colegio no se sienten ni felices ni acompañados, y si bien su potencial de adaptación favorece que salgan adelante, frecuentemente la asistencia a las aulas genera comportamientos disruptivos como peleas o rabietas en casa, dónde se sienten libres y protegidos, pero que afectan negativamente (si no se manejan con cautela) al clima familiar.

Existe otro importante condicionante que impone una violencia muy sutil. Cuando los niños ya son mayorcitos son arrastrados hacia la dinámica de las comparaciones por parte de los adultos: hablamos y etiquetamos lo listos, lo guapos y lo simpáticos que son. O lo bien o mal que se portan, lo que lloran o dejan de llorar, lo que gritan o no... Las familias suelen sentir que se las juzga en función de lo que sus hijos hacen o dejan de hacer, y normalmente este juicio es en negativo. De ahí que muchos padres empiecen a sopesar a estas edades la necesidad de establecer “tiempos fuera”, condiciones o chantajes. Se escudriña la realidad para comprobar si los demás niños se portan igual de “bien” o “mal” que los propios, o cómo reaccionan a estímulos similares. Si alguna situación resulta violenta o los padres se ven con dificultades de afrontarla, ya no se percibe tanto como una etapa del crecimiento y se achaca más al hecho de que quizás no estén del todo “bien educados” o tengan “buenos hábitos”. Y no quiero decir con esto que no sea correcto reflexionar sobre las propias prácticas, pero ha de hacerse en momentos de tranquilidad y movidos por un deseo de mejora, no a través de comparaciones puntuales. Cuando sucede esto, la crianza desde el respeto se censura.

c) El último de los grupos abarca todo lo relacionado con la propia historia de desarrollo de los niños. Si durante las primeras etapas era suficiente con acompañar el llanto, ofrecer calor y seguridad, alimentar y nutrir física y afectivamente, ahora estas herramientas se quedan escasas ante los argumentos o berrinches de un niño que ya no lo es tanto, al que ya no le podemos dar tanto “cobijo físico”. ¿Qué sucede cuando el niño crece?

Pues por un lado sucede lo que poco tiempo atrás las familias pensaban que nunca llegaría: la “independencia”. Y con la independencia llega la elaboración de las propias normas y a través de éstas, los primeros enfrentamientos “serios”. Es en este momento cuándo los padres se enfrentan a un dilema importante: ¿acabamos una conversación “porque sí” o intentamos razonar? Hasta ahora se podía explicar y el niño podía aceptar con cierta facilidad, o se dejaba distraer. Ahora, el pequeño rebate todos los argumentos, defiende su terreno y sus intereses, y cuando agota sus recursos, acaba cayendo en el enfado. Cómo actuar en este momento daría para un artículo completo por sí mismo, pero considero que hay dos cuestiones principales que se deben tener un presente:
• La primera de ellas es que es conveniente alejarse de las soluciones que “funcionen”. La mayoría de padres desean que sus hijos sean capaces de valerse por sí mismos en el futuro, de defender sus derechos y hacerlo de forma asertiva y para llegar a ese punto es necesario entrenarse, no sirve obedecer “porque sí”, y además debemos ver ejemplos de cómo se hace, así que los adultos deberían tener alternativas en casi cada momento. La crianza respetuosa sólo tiene sentido en la distancia, el “aquí y ahora” son relativos. Los adultos no deberían tener miedo a las rabietas.
• La segunda cuestión es que se debería intentar en lo posible enseñar a manejar al niño esa frustración y aprovechar un estado emocional tan intenso para hacerle reflexionar e identificar las sensaciones, lo que significan y lo que provocan tanto en ellos mismos como en los demás, así como las emociones posteriores, tanto las agradables relacionadas con la liberación como las desagradables relacionadas con la tristeza o remordimientos.

Además de la independencia y sus consecuencias, hay que considerar también las limitaciones cognitivas que este pequeño cerebro pensante todavía no puede superar y que suelen ser las causantes de algunos problemas “domésticos”. Algunas mamás dicen que sus hijos cambian tanto que se vuelven unos desconocidos ¿qué sucede? El niño se encuentra ahora en la etapa pre-operatoria, con lo que transforma su inteligencia práctica (que puede organizar en actividades reales, como rutinas) en una capacidad de ejecución mucho más fina, más elaborada, que es capaz de ir más allá del momento inmediato. Aparecen los símbolos, los conceptos abstractos y una imaginación desbordante, así como un impulso por realizar las cosas por sí mismo. Además, existen una serie de características de pensamiento muy especiales en esta etapa, que conllevan malentendidos o enfados que seguro resultan muy familiares para los que tengan cerca de niños de estas edades; las más llamativas son:

• La centración, o la incapacidad para considerar distintas dimensiones de una situación, lo que altera el razonamiento. Por ejemplo, cuando un niño no entiende que su mamá es a la vez hija de su abuela y mamá de un hermano. El tan traído y llevado “mi mamá es mía” y las ganas de hacerle rabiar de algunos adultos que frecuentemente acaba en llanto se explicaría por este fenómeno.
• Dificultades con la reversibilidad: en ocasiones no son capaces de comprender que no hay vuelta atrás (por ejemplo con el tema de la muerte) y en otras no pueden imaginar una acción que se deshace. Se le une a este fenómeno el estatismo o la dificultad para entender las transformaciones. Es muy típica por ejemplo la discusión por una galleta que se cae y se rompe y el niño no la quiere ya, porque la desea redonda y entera, para desesperación del adulto que lo considera un capricho sin más.
• Sigue habiendo un punto de vista muy egocéntrico que se manifiesta en dificultades para separar su propio pensamiento del de los demás o del mundo exterior. Muy habitual cuando aparecen hermanos pequeños: “es que quiere que juguemos a la pelota ahora”.
• El animismo o la percepción de las cosas como seres conscientes (una muñeca o una piedra, fuera del momento de juego).

Es decir, a causa de estos cambios, la crianza respetuosa se ve resentida porque es mucho más difícil.

¿Y qué tendrían que hacer los adultos que perciban que quizá su estilo de crianza, elegido, buscado y trabajado se empieza a difuminar? Quizá lo mismo que se hacía cuando los niños eran más pequeños: analizar el propio comportamiento, el estado de ánimo, la disposición y la paciencia; y seguir compartiendo con otras familias, aprendiendo y ofreciendo alternativas, pues el ejemplo y la transmisión de valores es el camino correcto hacia una sociedad más sana.

Beatriz Coronas, psicóloga.